Comprender estos mecanismos desde la neuropsicología es vital para desarrollar procesos de recuperación efectivos.
1. El Cerebro bajo Estrés Crónico
Cuando una persona vive en un entorno de violencia, su cerebro entra en un estado de hipervigilancia constante. Este estrés crónico afecta principalmente a tres estructuras clave:
• La Amígdala: Actúa como la "alarma" del cerebro. En víctimas de violencia, suele estar hiperactiva, lo que provoca respuestas exageradas de miedo, ansiedad y pánico ante estímulos que otros considerarían neutros.
• El Hipocampo: Responsable de la memoria y el aprendizaje. El cortisol (la hormona del estrés) en niveles altos puede reducir su volumen, dificultando la capacidad de contextualizar los recuerdos y distinguir el pasado traumático del presente seguro.
• La Corteza Prefrontal (CPF): Es el centro del control ejecutivo y la regulación emocional. La violencia debilita la conexión entre la CPF y la amígdala, lo que explica por qué es tan difícil para la víctima "razonar" sus emociones o tomar decisiones lógicas en momentos de crisis.
2. Desregulación Emocional y Mecanismos de Supervivencia
La neuropsicología explica que los comportamientos de la víctima no son "debilidad", sino adaptaciones biológicas:
• Indefensión Aprendida: Tras repetidos intentos fallidos de escapar o detener la agresión, el cerebro "aprende" que nada de lo que haga cambiará el resultado. Esto se traduce en una apatía conductual y una parálisis emocional.
• Disociación: Como mecanismo de defensa ante un dolor insoportable, el cerebro puede "desconectarse" de la realidad. Es una fragmentación de la conciencia que permite a la víctima sobrevivir al evento, pero que complica la recuperación de la memoria autobiográfica.
• Vínculo Traumático: Se produce una liberación intermitente de dopamina y oxitocina durante los periodos de "luna de miel" del agresor, creando una adicción neuroquímica al ciclo de la violencia.
3. El Impacto en la Cognición Social
La violencia de género altera la forma en que se procesan las señales sociales. Las investigaciones muestran que las supervivientes pueden presentar:
A. Sesgo de Interpretación: Tendencia a percibir hostilidad en rostros con expresiones ambiguas.
B. Dificultades en la Empatía Propia: Una desconexión de las propias necesidades físicas y emocionales para priorizar la detección de los estados de ánimo del agresor (supervivencia).
Conclusión
La recuperación de la violencia de género requiere más que apoyo psicológico convencional; necesita un enfoque neuroinformado. Rehabilitar la corteza prefrontal, calmar la amígdala y restaurar el sentido de seguridad son pasos biológicos necesarios para que la persona recupere su autonomía.
Neuropsicología de las Emociones en la Violencia de Género: Del Trauma a la Desregulación
La violencia de género no solo deja huellas físicas; altera profundamente la arquitectura cerebral y el procesamiento emocional de quienes la padecen.
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